14 agosto, 2007



En realidad, estas tres mujeres son solo 2: Pinky Rose y la guapa Millie. Pinkie no es mas que una chica aniñada, tímida y claramente desequilibrada, que entra a trabajar en un balneario para ancianos y es allí donde tabla amistad con Millie, otra empleada más. Millie se considera muy popular y sofisticada: no mas lejos de la realidad, es una desgraciada a la que todo el mundo ignora, desde sus compañeros de trabaja hasta sus vecinos y familia.

Hay quien compara esta película con con Persona de Bergman, también quien dice que el final se anticipa en mas de dos ocasiones al de Mulholland Drive de David Lynch. Yo solo puedo decir que para mi aparte de ser una película entretenida y diferente a todo, es impresionante: de ésas que empiezan de forma inmejorable, y que poco a poco en vez de decaer, van creciendo más y más, para acabar dándote mucho mas de lo que pensabas al principio. Eso es lo que yo entiendo por una película buena, una buena de verdad.

Para culminar con las protagonistas, que mejor que Sissy Spacek, tras haber debutado en Malas tierras, que aquí esta imponente. Pero la que realmente 'se sale de lo normal' es la actriz Shelley Duvall, con su físico imposible rozando la anorexia, esa cara... sin duda uno de mis grandes descubrimientos de estos meses, una pena que solo la hubiese recordado por El resplandor, un papel, que a mi opinión no es nada representativo de su talentazo.

10 agosto, 2007

Si ahora mismo tuvieras que irte a una isla desierta
¿que libro y que disco de música te llevarías?




tale of revolution and rock'n'roll



Detroit, ciudad del motor por excelencia, trabajó sus pistones a fondo entre los 60 y los primeros 70, dando a luz a un gran número de grupos y artistas con la crudeza por bandera y que dejaron una indeleble imprenta en el mundo del rock. Ted Nugent, The Stooges y MC5 fueron los tres grandes pilares sobre los que sustentó la emergente escena de la gran ciudad de Michigan. No ha sido hasta hace unos pocos años en que la popularidad alcanzada por The White Stripes ha destapado de nuevo una latente escena con decenas de grupos y estilos que con mayor o peor fortuna han intentado su salto a la escena mainstream.

Tan olvidados durante mucho tiempo como The Stooges, es curioso ver como éstos han alcanzado una popularidad de la que los cinco de Detroit carecen. Aunque como banda de culto son más populares que antaño, MC5 permanecen todavía en un semi-anonimato aun cuando fueron en su día tan esenciales para la música underground norteamericana como lo fue la banda de Iggy Pop. Tal vez el que ninguno de los ex-miembros de MC5 haya alcanzado la popularidad de la Iguana haya imposibilitado un súbito revival del legado de los Motor City Five. Aunque probablemente sea mejor así, quién sabe.

Una curiosa clave detrás del crudo sonido de Stooges y MC5 y su afición a llevar el rock a nuevas fronteras e hipnóticos estados mentales es la admiración que en ambas bandas despertaban los músicos de jazz, destacando la influencia que el innovador John Coltrane tuvo en Iggy Pop por un lado y Kramer y Smith por otro. Y si The Stooges parecían una panda de yonkis peligrosos, MC5, bajo el liderazgo de su mánager e ideólogo John Sinclair, se convirtieron en una peligrosa cabeza pensante dispuesta a darle en el sistema donde más le doliera.
Durante la primera etapa de la banda Sinclair y Tyner ejercieron una gran influencia, y la política se convirtió en algo tan importante como la propia música. Reinvindicaciones comunistas, furiosos discursos y armas simuladas eran el pan de cada día en los conciertos de la banda, conciertos que por otra parte cada día atraían a más público. Su impactante puesta en escena y su increible energía en el escenario hicieron de MC5 una banda a tener en cuenta. Tanto, que cuando todavía no habían publicado ningún trabajo fueron portada de la revista Rolling Stone.
A principios de 1968 editan su primer single, "Borderline/Looking at you", que se agotó en pocas semanas. La banda se embarcó entonces en una gira por los States como teloneros de Big Brother & The Holding Company, a los que eclipsaron totalmente. Se cuenta que incluso los todopoderosos Cream se rindieron ante el tour de force de los cinco de Detroit. Con semejante trayectoria su primer disco no tardó en llegar. La emergente discográfica Elektra, cuna de The Doors, fichó al grupo al mismo tiempo que hacía lo propio con The Stooges.
Con su reputada fama como banda de directo no es de extrañar que el primer álbum de sea un album en vivo. El disco se grabó entre el 30 y el 31 de octubre en el Grande Ballroom, centro neurálgico de los "kick out the jams" concerts, inolvidable eslogan de la banda que servía como calificativo a conciertos que congregaban a centenares de seguidores de la banda. Así, en 1969 aparecía el primero largo de MC5, titulado, como no podía ser de otra forma, Kick out the jams.
El crudo y salvaje sonido de directo de la banda quedó perfectamente impreso en el incendiario disco, y es desde luego uno de los mejores discos en directo de la historia. Desde el histérico inicio con "Ramblin' rose" hasta la pequeña jam de "Starship", todas las canciones son clásicos imperecederos de una banda en su mejor momento. "Kick out the jams" se convirtió en el himno definitivo de la banda y en toda una declaración de principios. Si quieres conocer el legado de los de Detroit, Kick out the jams es por donde debes empezar. Imprescindible.

04 agosto, 2007


Los Who constituyeron otro ejemplo de " rock teatral ", con sus actuaciones cuidadosamente acabadas, pensadas y lúcidas: Peter Townshend y Daltrey, apoyados discretamente por el resto del grupo, ejercían una atracción hipnótica, en una tensión que se acumulaba lentamente hasta el punto final en el que destrozaban los instrumentos. En cambio, para Frank Zappa, la representación era diferente: asumió realmente el carácter del collage dadaísta, con objetos que aparecían en el escenario, acontecimientos imprevistos, etc... Todo eran pretextos, según Zappa, para provocar la atención del espectador y encaminarla hacia el " mensaje ", las alusiones contenidas en su música. Es algo que sirvió no para dejar atontado al público -como hacían los Who- sino para concentrar, más que para distraer; para unir más que separar, y todo gracias a la imaginación de Zappa, que por supuesto, quemaría una guitarra como último recurso teatral.

Teníamos un sistema particular compuesto por un hilo que iba desde el cuarto de las luces, en la parte posterior del teatro, hasta el escenario, y el encargado de las luces nos mandaba cosas a lo largo del hilo. En primer lugar, a veces, una baby-doll con las mangas extendidas...seguido de un salchichón introducido en el culo de la baby-doll...Nuestra mayor atracción era la Jirafa Blanda. Colocábamos en el escenario una gran jirafa disecada, con una caña que llegaba a un punto situado entre las patas posteriores. Ray Collins tenía que acercarse a la jirafa y hacerle un masaje con un muñeco en forma de rana. Entonces la cola de la jirafa se ponía rígida y las tres primeras filas del público quedaban inundadas de la nata que salía de la caña. Y todo ello, naturalmente, con acompañamiento musical. Era el fragmento más popular de nuestro espectáculo. La gente lo exigía continuamente.
Frank Zappa

01 agosto, 2007


Nunca me abandones
Kazuo Ishiguro
Anagrama, 2005

Este es uno de esos libros que habría que leer sin saber absolutamente nada sobre él, sin leer siquiera el texto de la contraportada; sólo de ese modo es posible introducirse en el relato convenientemente. Y lo digo porque me parece evidente que esa era la intención de Ishiguro, aunque las técnicas de márqueting se empeñaran en boicotearlo. Yo, afortunadamente, conseguí esquivarlas, así que el misterio, ese misterio que constituye el eje del libro y que Ishiguro revela con sumo cuidado a lo largo de sus páginas, fue para mi un misterio auténtico, tan opresivo y terrorífico como lo es para Kathy H. y el resto de internos de Hailsham.

Sólo así, sin saber nada, las preguntas pueden surgir en el momento adecuado. Sólo así podemos descubrir por nosotros mismos las piezas que no encajan y descubrir con horror creciente lo que se oculta tras ellas. Porque este libro muy bien podría haber comenzado con un párrafo que nos hiciera entrar en el relato con total conocimiento de lo que está ocurriendo, pero no lo hace. Y eso es significativo. Aparecemos, previa introducción de la protagonista, en un internado lleno de niños (¿Qué hacen allí? ¿Dónde están sus padres?): un perfecto un paraje bucólico (¿Qué hay más allá? ¿Por qué nunca salen?) en el que de vez en cuando aparece la extraña figura de Madame (¿Quién es esa mujer? ¿Por qué la envuelve ese halo de misterio?) para escoger las mejores creaciones artísticas de los niños y llevarlas a La Galería (¿Qué es La Galería? ¿Por qué tienen tanto interés en sus “obras”?).

Todo el libro está lleno de palabras que aparecen de improviso en medio de la apacible convencionalidad del texto: ¿"donaciones"? ¿"completar"? ¿"cuidadora"? Palabras que activan el mismo resorte que esos ruidos extraños que oímos a medianoche desde la habitación en un relato de fantasmas. A la mañana siguiente todo vuelve a la normalidad, pero esos ruidos siguen repiqueteando en nuestra cabeza, advirtiéndonos de que hemos cruzado algún tipo de línea entre la Realidad y la dadilaeR.

“De todas formas, algo debe de haber sedimentado en tu interior. Algo debes de haber retenido inconscientemente, porque cuando llega un momento como el que he descrito ya hay una parte de ti que ha estado esperando. Tal vez desde una edad muy temprana —los cinco o los seis años— te ha estado sonando en la nuca una especie de susurro: “Algún día, puede que no muy lejano, llegarás a saber lo que se siente”. Así que estás esperando, incluso aunque no lo sepas, esperando a que llegue el momento en que caigas en la cuenta de que eres diferente a ellos; de que hay gente ahí fuera, como Madame, que no te odia ni te desea ningún mal, pero que se estremece ante el mero pensamiento de tu persona (...), y que sienten miedo ante la idea de que tu mano pueda rozar la suya. La primera vez que te ves con los ojos de alguien así, sientes mucho frío. Es como si al pasar por delante de un espejo ante el que pasas todos los días de tu vida reparas de pronto en que el cristal te devuelve algo más que de costumbre, algo turbador y extraño.”