29 mayo, 2008

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Luis García (Puertollano, Ciudad Real 1946) es uno de los máximos exponentes del estilo hiperrealista en los comics. Pertenece a aquella generación de autores que en los 60 se formaron como profesionales en la entrañable agencia barcelonesa de Josep Toutain, Selecciones Ilustradas. En los 70 colaboró en las revistas del norteamericano James Warern, llegando así por primera vez a un publico más adulto y exigente. Una de las mejores muestras de esa etapa se encuentra en la historieta "THe Man Who Called Himself A Monster" con la que García comienza a mostrar su faceta mas ideológica y comprometida que a partir de entonces ya seria su sello característico. La obra que le lanzo al mercado internacional fue "Las Crónicas Del Sin Nombre", con guiones de Víctor Mora, que se publicó por entregas en la revista francesa pilote. Al mismo tiempo dibujaba otras historias cortas para diversas publicaciones hasta en 1981 llegó Nova-2, publicada en la revista Totem.

"Muchas de las mejores paginas de Luis García destilan aromas de una orfebreríadel rasguño, materializada bien con la plumilla en una superficie blanca, bien con la hoja de afeitar sobre una mancha negra. Tales trazos, autenticas heridas en el papel, dan al estilo clásico del dibujante una tonalidad hiriente, a la medida de unos relatos que acostumbran a insertar la viñeta en una llaga y a suscitar dramáticas reflexiones sobre el contexto social.


Nova-2 pertenece a la esfera de una intensa riqueza creativa donde asoman en tropel los signos de la trascendencia, los ángulos de la interpretación, las perspectivas de análisis y los enfoques de la importancia histórica. A ello contribuye la perfección del estilo gráfico, como desarrollo maximalizado del clásico recurso de a la fotografía previa por parte de los grandes maestros de los comics americanos; aquella misma perfección facilita la vitalidad significativa de los elementos aparentemente decorativos en el interior de los pictogramas, y el impulso narrativo a través de soluciones hondamente imaginativas que traspasan los manidos esquemas de meres correlaciones de acontecimiento. Al propio tiempo la estética del estilo transmuta las tonalidades blanquinegras en una sinfonía de gradaciones intermedias plena de color, de un color que es el tema ultimo del relato: la muerte, en sus aspectos individuales, sociales e históricos"

hombre del siglo X

21 mayo, 2008

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"En contraste, el revolucionario que da la bienvenida a la crítica tiene una mayor flexibilidad táctica. Enfrentado con la crítica de sí mismo, puede cogerla "agresivamente" por sus puntos débiles, refutándola mediante la demostración de sus contradicciones y asunciones ocultas; o puede tomar una postura "no resistente" y tomar sus aspectos más fuertes como punto de partida, que transforma la crítica aceptándola en un contexto más profundo de lo que pretendía. Incluso si el balance de "corrección" es contundente de su parte, puede optar por concentrarse sobre algún error más bien sutil de sí mismo en lugar de hablar constantemente de los errores más obvios de los otros. No critica lo más criticable, sino lo esencial. Se utiliza a sí mismo como un medio de aproximación a cuestiones más generales. Exponiéndose, expone a los otros. Cuanto más concreta y radicalmente se expone un error, más difícil es para los otros evitar confrontaciones similares consigo mismos. Incluso los que más se regocijan al principio por la aparente caída de un enemigo en una especie de exhibición masoquista encuentran pronto su victoria vacía. Sacrificando su propia imagen el revolucionario mina las imágenes de los otros, para exponerlos y avergonzarlos. Su estrategia difiere de la de "subvertir los enemigos con amor" no en que tenga necesariamente menos amor, sino en que tiene más coherencia en su expresión. Puede ser cruel con un rol o una ideología aunque ame a la persona atrapada en ella. Si lleva a la gente a una confrontación profunda, quizás traumática, consigo mismos, atiende poco al hecho de que puedan pensar momentáneamente que es una persona horrible que sólo hace estas cosas por malicia. Quiere provocar a los demás a la participación, aunque sea atrayéndola a un ataque público contra él".

Ken Knabb

09 mayo, 2008

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De siempre ha sido ardua tarea la de clasificar o encasillar discos, y mucho más cuando se trata de lo que tanto le gusta a la Rockdelux: hacer rankings de los mejores álbums de la historia. Pero es algo tan aburrido que ni siquiera merece la pena pensarlo; aunque un día a mí me dio por pensar cuales eran los cinco mejores discos de psicodelia, rock ácido o como quiera llamarse. Y discernir en ello es una labor bastante chorra pero de gran complejidad. Yo, por ejemplo, llegué a la siguiente conclusión: que el Live/Dead y el American Beauty, ambos de Grateful Dead, significaban, tanto uno como otro, el auge y el anunciamiento del fin del hippismo-psicodelia y, en suma, los discos más puretas del género. ¡ Piedras contra los que dicen que el Sergeant Peppers es psicodelia !

¿ Y esto por qué ? Sencillamente por que ¿ Qué beatle estaba orgulloso de decirle al mundo que tomaba LSD ? Ninguno; pero allí estaban Grateful Dead con su himno a esa experiencia, " Dark Star ", prolongada hacia la eternidad en veintitrés minutos. Y es imposible no sentir esa sensación que tenía que ser estar en San Francisco con toda la gente en las calles cuando enciendes el lorito y suena " St. Stephen " o " Turn On Your Love Light ". Y sin embargo, ya pasado Woodstock, llegó el American Beauty, reflejo de todo lo acontecido los últimos años y que serviría de epitafio para todos los hippies. Y contemplas la diferencia entre ambos discos: la visión enérgica y vigorizada del primero y la profunda y apagada del segundo, desde la embriagante " Box of Rain " hasta " Truckin' " , que anunció el futuro de todos los partícipes del sueño psicodélico ahora relegados a pasar su vida en la carretera. Fin del cuento.

01 mayo, 2008

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Stanley
Martin Lieber nació en Nueva York el Día de los Inocentes de 1922.
Este hijo de inmigrantes judíos pobres de solemnidad es hoy uno de los pocos millonarios del mundo del cómic. En 1949, con 17 años, se puso a trabajar como chico de los recados en una editorial llamada Timely y, en noviembre de 1961, un tebeo titulado Los 4 Fantásticos, firmado por Stan Lee y el dibujante Jack Kirby, veía la luz. Nacía el Universo Marvel, una saga de héroes que cambiaría la historia del cómic para siempre.

Entrevista
También le gusta salir en los cómics ¿no?
- !Oh, sí! Era muy divertido. En el número en que Reed Richards y Sue Storm [ Los 4 Fantásticos ] se casan, Jack Kirby y yo, intentábamos colarnos en la boda. Hice lo mismo en la película, sin Jack [ falleció en 1994 ]. Hubiera sido genial haber aparecido con él.
¿Que siente al ver sus personajes en la gran pantalla?
- Voy al cine como un espectador más. No lo veo como si fuera mi creación. Me relajo y disfruto.
¿Sigue trabajando con algún personaje de Marvel?
- No. Lo último fue un álbum de los 4 Fantásticos, hace más de un año, aunque no sé si estuve a la altura.
¿En qué consistía su trabajo?
- Era responsable de todo lo que publicábamos, escribiendo o comprando historias a terceros. También era director de arte, ya que los dibujos tenían tanto peso dramático como la historia en sí. Durante 20 años hice todo lo que mi jefe pedía; básicamente, repetir formulas de éxito. Todo menos arriesgar a crear algo nuevo.
No lo recuerda muy alegre, ¿pensó dejarlo alguna vez?
- Creía que perdía el tiempo, aunque toda esa experiencia fue luego vital para mi y Marvel. Siempre le decía a mi mujer: Unas semanas más y me voy.” Entonces lograba un aumento o surgía algún proyecto para nuevas revistas y recuperaba el interés. El tiempo fue pasando, un día eché cuentas y resulta que llevaba allí 20 años. Ahora, si que quería irme. Martin quería cada vez historias más simples, para niños o adultos poco inteligentes. Prohibido palabras de mas de dos sílabas, simplificar al máximo los argumentos, nada de historias de varios números.. Él pensaba que los lectores no eran capaces de recordar el hilo de un mes para otro !Imagínese!
¿Alguna vez quiso dedicarse a otra cosa?
- Siempre tuve inquietudes, ser actor, pero nunca tuve tiempo. Me encantaría escribir un guión, pero eso requiere mucha dedicación y sigo muy ocupado. Siempre digo que, si algún día me retiro, escribiré uno.
¿Que le ayudo a continuar en el mundo de los cómics?
- Sin duda, la aparición de Spider-man. Quería hacer un superhéroe adolescente, con problemas económicos, preocupaciones familiares y toda clase de complejos. “ Ni se te ocurra publicar algo así - me dijo mi jefe-. Además, la gente odia las arañas. ” Lo publiqué a sus espaldas en una serie que íbamos a cancelar, el típico número al que nadie presta atención. Puse a Spider-Man en portada. Fue el cómic más vendido de la historia. Tuve que trabajar a sus espaldas. Era el tercer superheróe que lanzamos, y a mi jefe casi le da algo. Yo no conseguía quitármelo de la cabeza. Se lo comente a Kirby y me dibujó un héroe demasiado seguro de sí mismo, fuerte, poderoso. No era lo que buscaba y se lo pasé al segundo dibujante, Steve Ditko, que dio con el traje perfecto. Cuando llegaron las cifras de circulación, Martin se me acercó y me dijo: Stan ¿recuerdas a ese tal Spider-Man que nos gustó tanto a los dos? !Hagamos una serie con el!. A partir de ahí, todo vino rodado. Éxito tras éxito, ya nunca me decía que no a nada. Los libros funcionaron tan bien que nunca más volví a pensar en renunciar.