02 abril, 2009



 Aun era de noche cuando llegué a mi hogar tras un largo viaje. Al entrar por la puerta no
 había ninguna luz encendida, tan solo oscuridad y silencio. Mi madre descansaba y no quise
 despertarla.
Mi cuarto estaba tal cual lo había dejado antes de marcharme. Cuando activé
 la clavija de la luz, el televisor se encendió solo. Esa era la única forma de saber si
 alguien había estado allí.
Esa escena me trajo a la memoria una historia que había leído
 justamente hace un año en el periódico.


 "Cuando en el mes de abril de 1973, Nathan Lerner, casero de un modesto piso del North Side
 de Chicago, abrió la puerta de la vivienda en la que había vivido durante 40 años su
 singular y recién fallecido inquilino, Henry J. Darger, se encontró con un escenario del
 que tardó en dar crédito: un cuarto atiborrado de recortes de periódicos, cómics, revistas,
 libros destripados, aparente basura y unas gigantescas acuarelas que repetían obsesivamente
 las imágenes de niñas desnudas con grandes alas de mariposa siendo perseguidas por soldados
 empuñando bayonetas de época. En una segunda inspección, halló sepultado uno de los libros
 más extensos conocidos, 15.154 páginas, titulado The story of the Vivians girls, in what is
 known as the Realms of theUnreal, of the Glandeco-Angelinian War Storm, caused by the Child
 Salve Rebellion, que ha sido traducido como La historia de las niñas Vivian, en lo que se
 conoce como los Reinos de lo Irreal, sobre la Guerra-Tormenta Glandeco-Angeliniana causada
 por la rebelión de los Niños Esclavos".

 Noticia de el pais.