"Llamo místico al maravillarse, a la plenitud de sentido que nos embarga por que sí, quizás ante algo insignificante, a veces hasta el punto de hacernos llorar de alegría. Lo necesario, entonces, es que cada cual busque dentro de sí una experiencia propiamente mística, la experiencia de la vida en su unidad. [...]Hay experiencias de las cuales se avergüenza de hablar la mayoría de las personas, porque no entran dentro de la realidad cotidiana y se escapan a una explicación intelectual. No nos referimos con esto a acontecimientos espaciales del mundo exterior, si no a procesos de nuestro interior, a los que se les priva de valor como si fueran meras imaginaciones y se los expulsa de la memoria. En las experiencias a las que nos referimos aquí, la imagen familiar del entorno experimenta súbitamente una singular transformación, placentera o aterradora, aparece bajo otra luz, cobra un significado especial. Tal experiencia puede acariciarnos tan solo como un soplo o, por el contrario, grabarse profundamente en la mente"
Albert Hofmann








