Estoy volviendo a recobrar la afición por el buen cine, ya abandonado, con la única compañía
de un bol de cereales Special K y el cartón de soja a mi derecha, sentado en la cama de mi
habitación. Reconozco que prefiero ver las películas gratuitamente por internet antes que
dar dinero a un director, juré que no volvería a pagar tras la violación de Indiana Jones
por parte de George Lucas en su última entrega que presencié en directo. Y hasta hoy así ha
sido, no he vuelto a pisar sala grande. Aunque ya he tenido un buen motivo para ir, recordando
el casí oscarizado Waltz with Bashir , coincidencia, se ha puesto de moda repentinamente
entre los jóvenes creadores.
Junto con esta última, es posible que pueda replantearme el saltarme dicha promesa. El otro
motivo es la nueva película todavía no estrenada del señor Tarantino.
Cualquier que sepa de cine y tenga una crítica superior a la de un niño de trece años, es
decir, (cualquiera al que no le haga gracia la hora chanante) entenderá que la creatividad
del señor Tarantino ha caído a pique después de Pulp Fiction, pero no quiero ser tan duro
con él, por eso quiero ser optimista con su última, que pinta bien, Inglorious Bastards.
Ya la historia, que tampoco hay por que entenderla, os la desmiembro así de fácil: se trata
de un grupo de soldados judíos, organizados por Brad Pitt, con un solo objetivo, entrar en
la Europa de Hitler para matar al mayor número de nazis. Entretenida. Ahora ya entenderás
porque me gusta.
27 febrero, 2009
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